Los huevos de fabergé: una historia de lujo, misterio y revolución

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Los huevos de Fabergé son obras de arte reconocidas por sus laboriosos ornamentos en metal y piedras preciosas, cuya extravagancia le recuerda al entorno cuán poderosos fueron los zares, y que actualmente tienen un valor de millones de dólares.

Estas piezas decorativas en forma ovalada, unas 50 en total, fueron comisionadas por la familia imperial rusa entre los años 1885 y 191Todo comenzó como un regalo del emperador Alejandro III a su esposa, María Fyodorovna, durante la Pascua. La belleza y particularidad de estos huevos hizo que la familia real los convirtiera en una tradición, ordenando un nuevo huevo cada año para la emperatriz. Su hijo, Nicolás II, continuó con el legado una vez fallecido el zar.

Actualmente, según varios historiadores y expertos en arte, estas piezas tienen un valor "incalculable", no solo por su diseño, que estuvo en manos de Peter Carl Fabergé, el afamado joyero que les da nombre, sino también por el misterio de su paradero.

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El ingenioso joyero

Peter Carl Fabergé nació en San Petersburgo en 1846, hijo del joyero alemán Gustav Fabergé. Tras la muerte de su padre en 1882, Peter se hizo cargo de la joyería ubicada en la capital rusa. Además de estudiar con su progenitor, Fabergé viajó a Frankfurt y Dresden para adentrarse en el entorno de la joyería.

Después de haber "incubado" el primer huevo para la familia real, logró ser nombrado el "joyero de la corte imperial". Su carrera fue "verdaderamente dorada" desde entonces. En algún momento su negocio se expandió fuera de Rusia, abriendo tiendas en Londres y Odesa. Su fama no solo se debe a su conexión con la dinastía Romanov, sino también a su enorme talento artístico.

Una compleja elaboración

Los huevos de Fabergé requerían un minucioso y extenso trabajo para ser elaborados. El joyero supervisaba la operación, pero en su taller trabajaban expertos en distintas áreas, como el corte de diamantes o la manipulación de metales.

Algunos huevos estaban cubiertos con finas capas de laca o piedras preciosas que eran adquiridas en los montes Urales o las montañas Altai. En el interior de los huevos la familia real siempre encontraba una sorpresa. Podía ser desde una caja musical, un modelo del Palacio Gatchina del Siglo XVIII, hasta un elefante andante.

El primer huevo, conocido como el "Huevo de la gallina", es uno de los más icónicos. Actualmente se encuentra en el Museo Fabergé de San Petersburgo. Es una pequeña pieza esmaltada en blanco de unos 3,81 centímetros. En su interior, como luego sería costumbre, tenía un tesoro escondido: un segundo óvalo dorado, que adentro tenía una gallina también dorada. Debajo de la pequeña figura, había una corona con diamantes y un colgante con un rubí.

¿Por qué algunos huevos se perdieron?

El reinado de la dinastía Romanov acabó en 1917 con la revolución bolchevique. Nicolás II, su esposa y sus cinco hijas fueron fusilados en 1918 y las posesiones de la corona fueron nacionalizadas. La Casa Fabergé también sufrió este destino, obligando a Peter Carl a abandonar el país. El joyero murió dos años después en Suiza.

Los huevos fueron "empaquetados" junto con otros tesoros de los Romanov y llevados a la Armería del Kremlin. Joseph Stalin, líder de la Unión Soviética, vendió 14 de esos huevos para atraer divisas extranjeras a Rusia. Algunos terminaron en colecciones privadas, museos y otras instituciones, pero se desconoce el paradero de siete de ellos.

Fabergé en el presente

Después de la caída de la joyería, el famoso apellido fue apropiado y registrado en Estados Unidos en 1937 por Samuel Rubin para vender perfumes. En 1951, Rubin acordó pagar a la familia Fabergé por usar el nombre, pero no solo para artículos decorativos. La marca terminó siendo el nombre de una línea de productos sanitarios, como detergente y limpiador de lavabos. También se utilizó para una loción después del afeitado.

Tras complejas negociaciones, en 2007 el nombre fue rescatado por Pallinghurst Resources, una firma internacional de asesoría de inversiones, y fue fundada Fabergé Ltd. El control lo asumieron Tatiana y Sarah Fabergé, bisnietas de Peter Carl Fabergé, con la intención de fabricar artículos de lujo y joyería. El nombre y la familia finalmente se habían reunido nuevamente.

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