La Vauquita, ese bocadito de dulce de leche que tanto disfrutamos, tiene una historia rica y llena de curiosidades. Su origen se remonta a principios del siglo XX, cuando la familia de Adolfo Bioy Casares, dueña de la empresa láctea La Martona, comenzó a producir una tableta de dulce de leche en un formato similar al que conocemos hoy. La golosina, sin nombre definido, se vendía en una caja de cartón ilustrada con una vaca y se la conocía simplemente como “ la vaquita ” por su tamaño y la imagen del animal.
Jorge Luis Borges, un reconocido fanático del dulce de leche, seguramente degustó esta temprana versión de la Vauquita. Bioy Casares, en sus diarios, menciona al dulce de leche como un manjar argentino y una de sus debilidades, incluso lo incluía en su lista de “excelencias argentinas” junto con otros tesoros nacionales.
Sin embargo, la Vauquita que conocemos hoy no nació en las fábricas de La Martona. La verdadera historia de este bocadito se encuentra en Trenque Lauquen, donde Santos Atilio Vidal Ruíz, dueño de la fábrica Cauca, creó en la década de 1930 una tableta similar, a la que llamó " El vasquito ". Vidal, quien le vendía dulce de leche a La Martona, aprovechó los restos de dulce de leche que quedaban en los envases para crear este bocadito más alargado, que se vendía en un envoltorio de papel metálico.
El Vasquito se convirtió en un éxito en la provincia de Buenos Aires, pero con el paso del tiempo dejó de producirse. A finales de la década de 1970, Raúl Vidal, nieto de Santos, decidió reflotar la idea, pero se encontró con que la marca estaba registrada y no podía usar el mismo nombre. Además, "vaquita" no tenía un significado específico. Entonces, alguien le sugirió agregar la "u" y así nació La Vauquita.

La Vauquita, producida por Cauca, tuvo un éxito rotundo, llegando a producir 52 mil unidades por día. Sin embargo, la empresa decidió concentrarse en los chocolates y vendió la marca a Heladerías Massera, que quebró en 200La marca estuvo desaparecida por un tiempo hasta que fue rescatada por Rubén López, dueño de la firma La Dolce, un hombre que empezó como kiosquero y se convirtió en uno de los mayores distribuidores de golosinas del país.

López, en un acto de visión empresarial, compró Vauquita en un remate y la relanzó con la misma receta original, agregando nuevos productos como alfajores y chocolates. Hoy, Vauquita tiene una página en Facebook y un sitio web donde se la presenta como "la golosina de dulce de leche favorita de los argentinos" desde hace más de 80 años.

La historia de Vauquita es un ejemplo de la pasión por el dulce de leche en Argentina, unida a la creatividad y el esfuerzo de emprendedores visionarios. Desde sus inicios hasta su actualidad, este bocadito ha recorrido un largo camino, pasando por manos de familias tradicionales, fábricas artesanales y un kiosquero que la convirtió en un éxito nacional.
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