Pastel para dibujar: una técnica pictórica seca y versátil

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El pastel para dibujar es una técnica pictórica perteneciente al grupo de las técnicas secas. Se caracteriza por no utilizar ningún disolvente y se aplica directamente sobre la superficie de trabajo, a diferencia de la pintura al óleo o la acuarela.

La técnica del pastel se puede aplicar con tiza seca y sobre un soporte de papel de buena calidad y gramaje, con un color neutro no blanco y de ligera rugosidad. Aunque es versátil y se puede usar sobre otras superficies como cartón, madera o tela.

El pastel se destaca por ser una técnica rápida y fácil de corregir, ideal para bocetos, apuntes o pruebas de color. Su opacidad facilita la aplicación sobre la superficie, y la técnica combina el dibujo con la pintura, permitiendo dibujar y pintar espacios con el mismo material.

Índice de Contenido

Características del pastel para dibujar

Barritas de pastel

El lápiz pastel es un instrumento de dibujo cuya mina está compuesta por una pasta hecha con pigmentos secos moldeados en una barra. Esta pasta se cohesiona mediante una goma o resina, a diferencia de otros materiales como el lápiz de carbón que poseen aglutinantes.

La falta de aglutinantes en el pastel hace que sea difícil de adherir a la superficie pictórica, generalmente un papel poroso. Para asegurar su fijación se utiliza un fijador, pero este proceso puede restarle brillo al pastel y alterar los colores.

El pastel es muy apreciado por la gama delicada de colores que ofrece. Su fragilidad también es una característica distintiva, ya que al carecer de aglutinantes, el color de la barra es exactamente el mismo que se obtiene al aplicarlo. Además, no necesita preparación previa ni tiempo de secado, lo que permite trabajar a gran velocidad con trazos espontáneos y directos.

A pesar de sus cualidades, las dificultades técnicas del pastel han limitado su uso a lo largo de la historia. Su momento de mayor apogeo se produjo durante el auge del retrato en la Francia del siglo XVIII, y por los impresionistas de la segunda mitad del siglo XIX. Su facilidad de aplicación y la espontaneidad que permitía captaron la atención de los artistas, quienes lo utilizaban para representar los cambios del paisaje o la figura.

Historia del pastel para dibujar

Mencionado por primera vez por Leonardo da Vinci en 1495, a través de las experiencias de Jean Perréal, el pastel se desarrolló principalmente en Francia e Italia a finales del siglo XVI. El siglo XVII marca su edad de oro, asociado al arte del retrato, con maestros como Charles Le Brun o Robert Nanteuil.

A partir del siglo XVIII, el pastel se utilizó como técnica mixta con gouache, desarrollado por pintores como Rosalba Carriera, Maurice Quentin de La Tour, Jean Siméon Chardin, Jean-Baptiste Perronneau y Jean-Étienne Liotard. Muy usado durante el Antiguo Régimen, cayó en desuso después de la Revolución francesa, siendo reemplazado por la pintura al óleo.

El pastel tuvo una recuperación notable en manos de maestros del Impresionismo como Edgar Degas y Mary Cassatt, o de nabis como Édouard Vuillard. En 1885 se fundó la "Society of Painters in Pastel" (Sociedad de dibujantes al pastel).

El pastel para dibujar es una técnica pictórica versátil que ofrece una gama de colores delicados y la posibilidad de trabajar con rapidez y espontaneidad. Su uso se ha extendido a lo largo de la historia, desde el retrato del siglo XVIII hasta las obras impresionistas del siglo XIX, demostrando su valor como herramienta artística.

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